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Se aplica en aquellos pacientes que tienen una alergia con síntomas. Además de las medidas de control ambiental, tiene que instaurarse un tratamiento inflamatorio y, si el alergólogo lo considera necesario, una inmunoterapia.

Al ser la alergia una enfermedad de tipo ambiental, los cambios bioclimáticos inherentes a los desplazamientos por motivos turísticos o de trabajo afectarán al curso de la enfermedad alérgica.

Los alérgenos ambientales más susceptibles a presentar variaciones climáticas son los pólenes y los ácaros del polvo. Las personas alérgicas a los pólenes estarán mejor en zonas de playa, pues allí las concentraciones de polen son más bajas.

Los alérgicos a los ácaros del polvo encontrarán una mejoría en zonas elevadas y secas, ya que es raro encontrar ácaros por encima de los 10.000 metros sobre el nivel del mar.

Como norma general, el paciente alérgico debe evitar las fuentes de polvos u otras posibles sustancias alergénicas:

La casa debe estar bien ventilada. Evitar cortinas, alfombras, juguetes...
Dormir con las ventanas cerradas.
Evitar olores fuertes de productos químicos, lacas, ceras o abrillantadores y toda clase de sprays. No utilizar colonias o champús muy perfumados.
Evitar los humos de freír y los de tabaco.
En la casa no debe convivir ningún animal doméstico (perro, gato, hámster, etc.).
En caso de cambio de domicilio (mudanza) o de obras de albañilería o pintura, el enfermo no debe estar presente.
Permanezca dentro de su hogar los días en que el viento sople fuerte.
Los catarros, las pulmonías o las bronquitis empeoran los síntomas de las alergias. Evite el contagio no frecuentando lugares muy concurridos en épocas de epidemias.

 

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