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  Las
proteínas de los animales domésticos son
una de las fuentes de alérgenos más potentes
en los lugares cerrados.
Hay dos tipos de reacciones alérgicas
a los animales:
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Cutáneas, causadas
por los alérgenos procedentes del gato y
que consisten en una reacción localizada
en la cara, con hinchazón de los párpados
y enrojecimiento de toda la cara, con o sin urticaria.
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Respiratorias, que pueden
oscilar desde una simple rinitis (mucosidad, estornudos
o picor nasal) hasta un asma grave (dificultas respiratoria,
tos o pitos).
No siempre es preciso un contacto continuado
con los animales para la sensibilización. Los
síntomas pueden aparecer después de estar
en un lugar en el que simplemente ha estado un animal.

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